Los
dragones barbudos son saurios corpulentos, con un cuerpo
dorsalmente aplanado, y con escamas que pueden ser muy diferentes
según la zona de su cuerpo en que se sitúen.
Tienen además una cabeza grande que les confiere
un aspecto muy característico, además de una
“barba” muy llamativa debajo de la cabeza que
pueden cambiar de color y que utilizan en determinadas situaciones
(cortejo, lucha, defensa…).
De esta barba proviene el nombre de “dragones
barbudos”, y resulta especialmente impresionante cuando
se deciden a hincharla, comportamiento especialmente frecuente
en los machos, para parecer más grandes e impresionar
a sus oponentes.
El P. vitticeps, la especie más común en
cautividad, tiene un tamaño máximo de aproximadamente
45 cm. (incluyendo la cola), aunque pueden encontrarse tanto
ejemplares que rebasen esta longitud como otros que no la
alcancen. Así, los grandes machos adultos pueden
llegar a alcanzar los 60 cm. de longitud total, mientras
que las hembras suelen quedarse bastante más pequeñas.
De esta longitud, aproximadamente la mitad pertenece a la
cola. Las otras especies son de tamaño generalmente
más pequeño, excepto el P. barbata, que es
de tamaño similar.
El Comportamiento de los Pogona Vitticeps.
Como ya hemos comentado, estos saurios suelen ser animales
muy tranquilos y sociables con el ser humano. A pesar de
todo, debemos tener en cuenta que no dejan de ser animales
salvajes, por lo que la manipulación excesiva los
estresa, y que es fundamental dejarlos tranquilos durante
los periodos de adaptación (por ejemplo cuando los
cambiamos de terrario). Sin embargo, con tiempo y paciencia,
es posible conseguir con los Pogona un grado de docilidad
superior al alcanzado con la mayoría de reptiles
que suelen mantenerse en cautividad, llegando a ser animales
tremendamente tranquilos en manos de la gente, que no huyen
de las personas y que, a veces, incluso parecen disfrutar
en compañía de los seres humanos.
La convivencia entre individuos de su especie no suele
ser problemática si el terrario en el que están
alojados sea lo suficientemente amplio. Se pueden mantener
en grupos, pero alojando solo un macho por grupo y terrario:
los machos adultos son muy territoriales y no dudarán
en luchar por defender su territorio y las hembras que viven
en él. Por otro lado, es conveniente formar grupos
“tipo harén”, con un macho y varias hembras,
entre las cuales se desarrollará una relación
jerárquica, aunque no tan agresiva como la que puedan
tener los machos. Así, suelen distribuirse por el
terrario siguiendo un claro orden jerárquico, de
modo que el macho dominante suele ocupar el mejor lugar
de la instalación, donde reposar y calentarse a gusto,
mientras que los demás ejemplares se situarán
cada vez en lugares más inferiores y cómodos
según su lugar en la jerarquía del grupo.
En libertad este comportamiento no está tan claro
como en cautividad, pero en un terrario, donde el espacio
es limitado, es facilmente visible.
Los Pogona utilizarán su propia anatomía
para relacionarse entre ellos. Un ejemplo es su barba: en
las luchas territoriales y en la época de apareamiento,
los machos suelen utilizarla para enfrentarse a sus oponentes,
inflándola y oscureciéndola. Para aumentar
el efecto disuasorio, acompañan esta actuación
con rápidos movimientos de cabeza. Este comportamiento
es especialmente frecuente, como ya se ha comentado, cuando
están en celo, pero sigue estando presente incluso
cuando no lo están, y cuando dos machos se encuentran
suelen señalizar su dominio territorial con este
comportamiento.
Otro comportamiento muy curioso es agitar una de sus extremidades
anteriores o manos, como si se saludaran al estilo de la
gente, apoyándose sobre tres patas y, con la cuarta,
moviéndola circularmente durante unos segundos. Hay
varias hipótesis para explicar este comportamiento:
hay quién piensa que efectivamente se trata de un
reconocimiento entre individuos diferentes de dragones barbudos.
Otros estudiosos afirman que puede tratarse de un movimiento
de sumisión de las hembras hacia un macho dominante.
En el caso de las crías, suelen utilizar este gesto
con mucha frecuencia, pero en los individuos adultos se
ciñe sobretodo a las hembras, estando casi ausente
en los machos.
Otra muestra del complejo comportamiento de los Pogona,
sobretodo cuando viven en comunidad, es levantar la cola,
acción que indica alerta, atención o tensión,
y que suele ser un preludio para los movimientos de brazo
o cabeza. Es fácil ver esta conducta cuando juntamos
ejemplares que no se han visto nunca, o que no lo han hecho
desde hace mucho tiempo, así como en terrarios superpoblados.
El Terrario para los Pogona Vitticeps
Los dragones barbudos son bastante sencillos de mantener
en cautividad, pero para tener éxito en esta tarea
hay que instalarlos en un terrario adecuado. No necesitan
muchas cosas, ya que son animales muy resistentes y rústicos,
pero tienen una serie de necesidades básicas respecto
a su habitáculo que hay que cumplir.
El tamaño del terrario es un aspecto sumamente importante,
sobretodo si mantenemos varios ejemplares juntos. Así,
el terrario debe ser amplio, nunca será demasiado
grande. Los dragones barbudos son animales relativamente
grandes y, por lo tanto, necesitan terrarios adecuados a
sus medidas. Un terrario de medidas mínimas para
un ejemplar adulto tendría que tener como mínimo
100 x 30 x 40 cm., (Largo x Ancho x Alto). Para varios ejemplares
hará falta un terrario bastante más grande,
o habrá problemas de territorialidad. Una pareja
necesitará un terrario de al menos el doble de volumen
para vivir adecuadamente y no tener problemas de convivencia.
Y a más ejemplares, más espacio necesario,
claro está.
Los Pogona son reptiles típicos de regiones semidesérticas,
por lo que necesitan un terrario que cumpla estas condiciones
ambientales. Para empezar, deberemos colocarle una fuente
emisora de radiaciones UV, imprescindibles para estos saurios
diurnos. Para ello pueden utilizarse lámparas de
vapor de mercurio, que además proporcionan calor,
o tubos fluorescentes especiales para reptiles. Es interesante
combinar tubos de diferentes potencias emisoras de UV, siendo
ideal una combinación de dos tubos, uno 8.0 y otro
2.0. Estos tubos se deberán remplazar por otros iguales
pasados 6 meses desde su utilización. Es importante
saber, que estos tubos no proporcionan prácticamente
calor, sólo luz y radiaciones UV, tanto UVA como
UVB. Para tener calor, a no ser que optemos por una lámpara
de vapor de mercurio, que también cumplirá
esta función, se necesitará una lámpara
calefactora (spot, cerámica, de infrarrojos…)
colocada en una esquina del terrario donde el animal pueda
calentarse correctamente, creando un punto caliente. Si
tenemos varios ejemplares en el terrario quizás sea
mejor crear varios puntos calientes, aunque todos en un
lado del terrario, para crear una zona más caliente
que otra y los animales puedan termorregularse. Es muy importante
que los lagartos no puedan entrar en contacto con las luces,
ya que podría sufrir quemaduras. La temperatura debería
estar alrededor de los 35ºC por el día (máximo)
y 20ºC por la noche (mínimo). Lo ideal, como
ya se ha comentado, sería tener la zona de asolación
a 35ºCy el resto del terrario a unos 28ºC. Si
por la noche se bajan de los límites, se debería
comprar una bombilla de cerámica o de infrarrojos
y conectarla junto a un termostato. En realidad, el termostato
es vital, y debería estar funcionando siempre. Otra
opción para la calefacción nocturna es instalar
una esterilla o un cable eléctrico, también
conectados siempre a un termostato.
La humedad no importa demasiado ya que al ser un animal
semidesértico no necesita humedad alta, aunque se
recomienda alrededor de un 40% de humedad. Lo más
sencillo es tener un recipiente con agua para que pueda
beber y bañarse cuando quiera, recordando que el
dicho recipiente se debe limpiar como muy tarde cada dos
días. También es recomendable pulverizar una
vez cada dos días el terrario o, si el animal es
joven o está mudando, diariamente.
Otro punto importante en el terrario de un Pogona, es el
substrato: no deberemos utilizar un substrato abrasivo o
que pueda dañar a la Pogona, como puede ser la moqueta
de césped artificial, o aquellos que puedan producir
daños intestinales por culpa de poder llegar a ingerirlos,
como podría ser la arena. Así, los substratos
más recomendados serían: papel de cocina o
de periódico, fibra de coco, turba o corteza triturada.
En un terrario para dragones barbudos, como en cualquier
otro, es necesario que exista una adecuada ventilación
Esta se puede conseguir con rejilla metálica en los
laterales, delante y la parte trasera del terrario, según
el tamaño y colocación de éste.
Un elemento que podemos utilizar también en un terrario
para dragones barbudos es un refugio, idealmente uno por
animal. Sin embargo, hay criadores que consideran innecesario
este elemento en un terrario para Pogona. Si queremos utilizar
refugios, podemos hacer uno con porexpán, construir
cuevas pegando rocas con silicona o colocar simplemente
una caja en el terrario, dependiendo del gusto de cada uno.
Un terrario para dragones barbudos puede ser tan sencillo
o complejo como se quiera. Podemos mantenerlos en un ambiente
casi de laboratorio y los animales vivirán y se reproducirán
sin problema, pero también es posible recrear de
una forma tan compleja como se quiera el hábitat
natural de los animales. Para ello podemos utilizar rocas,
troncos, plantas artificiales (las naturales es mejor no
usarlas, ya que acabarán devoradas o pisoteadas)
y cualquier elemento decorativo que se nos ocurra, que además
servirá a los animales para hacer ejercicio al trepar
por ellos, les permitirá acercarse a la fuente de
calor, etc.
Reproducción, incubación de huevos y cuidado
de crías .
Antes de la reproducción, hay que saber el sexo
de cada pogona, para cerciorarnos de que podemos llevar
a cabo este proceso. Los machos tienen más desarrollados
los poros femorales y preanales que las hembras. Además,
mirando la base de la cola se puede detectar la presencia
interna de los hemipenes. El sexo puede saberse a partir
de cierta edad.
A partir de los dos años, los dragones barbudos
ya se pueden reproducir. Pueden reproducirse mucho antes,
incluso antes de que cumplan un año, pero no es recomendable.
Es preferible no aparear individuos de misma sangre, ya
que las crías podrían sufrir malformaciones
y otros problemas derivados de la endogamia.
La puesta de huevos va en consecuencia del peso de la hembra,
tamaño y edad, pero una puesta común suele
estar alrededor los 25 huevos, con un periodo de tiempo
de 1 ó 2 meses que transcurre desde la cópula
hasta el desove. Una hembra sana puede poner de 3 a 8 puestas
por año. Para que la hembra desove se debe proporcionar
un recipiente con un sustrato ligeramente húmedo
y que esté relativamente suelto, como turba o fibra
de coco, en el cual la hembra excavará su nido y
depositará sus huevos. Una vez puestos dichos huevos,
deberán retirarse para proceder a su incubación
en un lugar aparte. Los substratos recomendados para llevar
a cabo dicha incubación son vermiculita y perlita.
Para acondicionar el sustrato de incubación debemos
mezclar el mismo peso de sustrato que de agua, para conseguir
un substrato húmedo pero sin que esté encharcado.
La humedad debe estar entre un 75% - 90%. La temperatura
de la incubación debe oscilar entre 26ºC y 30ºC.
Si la temperatura está sobre los 29ºC –
30ºC, las crías serán en mayor parte
machos y la eclosión puede acontecer relativamente
pronto. Si la incubación transcurre a 26ºC -
27ºC, las crías podrían salir hembras
y la eclosión podría alargarse más
que en el caso anterior. Si la incubación es a temperaturas
entre 29ºC – 30ºC, las crías saldrán
de los huevos sobre las 8-12 semanas desde la puesta. Cuando
la cría salga del huevo, se la debe alojar en un
terrario o tupper durante unas 24 horas, con papel de cocina
y una humedad más bien alta para que absorban el
saco vitelino y los restos de la yema del huevo sin riesgos
de infecciones y demás. Cuando haya transcurrido
este tiempo y la cría se muestre activa, ya se podrá
introducir a su respectivo terrario, que nunca deberá
ser el de los padres, ya que los propios progenitores podrían
llegar a comerse a sus propias crías sin dudarlo.
Las crías comerán lo mismo que los adultos,
pero de un tamaño adecuado a ellos, de modo que la
longitud de la comida no debería superar nunca el
ancho de sus cabezas. Las crías suelen rechazar la
fruta y la verdura, pero esto es normal, ya que de pequeños
basan sus dieta casi totalmente en insectos. Pasados los
primeros 6 meses, ya se suelen aventurar a comer alimentos
de orígen vegetal.
FUENTE: http://www.iguania.com/
Texto por: Robinho7 |